Un paraguas contra el mundo

Decirme a bocajarro, un viernes cualquiera bajo la lluvia y el frío : “Moza, ese paraguas no llega a casa”. Por muy hecho mierda que estuviera el susodicho es lanzar un guante a mi orgullo astur.

Cómo que no llega paisano, va a llegar y voy a usarlo mañana también, por mis santos cojones…

Ese fue el principio del drama de mi particular sábado de desgracias.

Amaneció un día de diluvio universal, y yo necia, cogí mi mochila para ir a la piscina, que diréis, bueno llevarías una toallina y cuatro cosas más…va a ser que no, la lleno como si fuese a subir al Urriellu y quedar a hacer noche con todas las cremas y pijadas deportivas que hay en el mercado, y por supuesto el paraguas ya maldito por el Séneca de turno. Sus palabras resonaban en mis oídos:

Ese paraguas no llega a caaasaaaaaa.

La lucha desde mi casa a la piscina, un trayecto de 10 minutos que tardé 30 en hacer fue épica, desembarqué en el Polideportivo como los que iban a buscar al soldado Ryan, helada, desencajada y con mi verbo florido desmadrado, lo que iba saliendo por esta boca no es para transcribir aquí. La taquillera y la señora de la limpieza primero se asustaron al verme entrar como el diablo de Tasmania y después se partieron la caja lo más grande. Aveces jode que la gente se ría así con una, me gustaría saber qué gracia tenía la situación porque yo no se la veía, debe de ser mi lenguaje corporal rollo Fofito.

Pasé al momento relax, nadé, y confieso que antes intenté hacer un poquiñín de trampa, siempre meto el paraguas conmigo en la taquilla porque una vez, en Madrid, me lo robaron junto con los playeros…pero esa es otra historia. Dejé el infame objeto fuera a ver si alguien se lo llevaba y después me prestaban otro en la piscina, pero quién coño se iba a llevar ese espantapájaros. Así que a la salida allí estaba, mirándome con sorna, y retándome con la voz de paisano :

Me queda un telediario, chatina, vas a mojar hasta el alma.

Lo de la calle era el acabose, lloviendo retorcido, un viento huracanado (con nombre y todo que lo llamaron “Hugo”), y qué hice: ¿ ir para casa? Nooooooo. Los sábados son el día de la oferta de la malla de 6 kilos de naranjas, (a 0’65 el kilo, oiga,) en el Mercadona y ningún paisano agorero, ni paraguas asiático blandengue, me iba a impedir cumplir mi misión ahorrativa marujil, así que abroché bien el plumas y salí a la calle. El camino fue apoteósico, las varillas se me enganchaban en el pelo, parecía que llevaba un murciélago gigante, muerto y azul encima de la cabeza. Entré ansiosa en el Mercadona, no nos olvidemos de la mochila de la piscina llena a reventar, directa a por las naranjas, el pan y tan nerviosa pensando en lo que me esperaba que no pase ni por la perfumería (ESTO ES LA PRIMERA VEZ QUE PASó EN MI HISTORIA COMO USUARIA MERCADONA).

En mi desesperación y ante la cara de haba del cajero intenté meter los 6 kilos de naranjas en la mochila donde, evidentemente, no cabían, porque la llevaba plena para una posible excursión con Jesús Calleja, oye si me llama un día yo ya estoy pertrechada. Intenté hacerme la graciosa y dije eso tan socorrido de :” je, je, es que tengo problemas con los volúmenes”. Otras veces me funciona, pero allí no se rió ni dios, mal público…

Salí al infierno lluvioso que era la calle, en la puerta no estaba ni el señor que pide una ayuda siempre a la entrada del Súper con horario de oficina, tío listo, abrí mi artilugio antilluvia (ya no se le podía llamar paraguas) y me lancé a la vía publica igual que a la piscina hacía media hora, de frente y respirado por el sobaco cuando el viento me dejaba. A parte del daño que me hacía la malla de los 6 kilos de naranjas en mi mano izquierda entumecida, que la barra de pan se estaba mojando y que las varillas seguían jalándome del pelo, el clímax llegó a mitad del puente de la autopista, porque quién creéis que estaba allí…sí, el paisano sentenciosu, maldita sea mi suerte…y lo peor es que no me dijo nada, que lo pensó, seguro, pero me miró con una mezcla de lástima y pereza que me jodió más que si me hubiera dado con su recio paraguas de 12 varillas dobles en toda la chepa y me hubiese dicho:

Yes tonta, ya te dije ayer que ese paraguas no estaba pa nada

Aterricé a casa como si hubiese salido del bosque de la bruja de Blair, aventé el paraguasparaguas.jpg y me insulté un rato frente al espejo. Pero oye, a casa el paraguas llegó, cómo: jodido, como mi orgullo, pero ahí está. La mirada del paisano tenía razón, aveces doy mucha pereza, pero el paraguas era ese sábado mi escudo contra el mundo, aveces se resquebraja pero con paciencia lo recompongo y vuelve a funcionar, y no me llegan las miradas censoras de los demás, pero otras es necesario bajar un poco ese paraguas, ese parapeto, y hacer caso a la voz de la experiencia. La ciencia es saber cuándo y cómo y aveces una falla. Hoy tengo catarro y un paraguas roto.

Fin

3 comentarios sobre “Un paraguas contra el mundo

      1. Hoy llovió un poco por la tarde, a mi me pilló en la calle, era la ocasión propicia para una tercera opinión. Pero no desesperes que para a partir del miércoles vuelven a dar agua 🙂

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