La luna me persigue

Cuando era una pequeña Rosa Mari e iba a mi pueblo estaba convencida de que la luna se venía conmigo desde Oviedo, entre cánticos, potas y demás agobiaba a mis padres diciendo toooodo el camino:

_ Mira la luna, ahí está, eh, eh, detrás de esa montaña, uy, no la veo ¿la luna también se para a hacer pis y fumar, papá?

Mi padre tenía asimiladas mis cosas y me ignoraba o inventaba alguna milonga guay, mi madre siempre le susurraba:

_ La chifladura esa de TU hija viene de TU familia.

Y mi padre sonreía de medio lado y cantaba:

🎶Gracias a vida🎶

Entonces mi reina madre seguía su soliloquio porque ya era lo de siempre:

_ Porque oye, que en mi casa tenemos mala hostia, la viga “atravesá”, pues no te lo niego pero pensar que si la luna mea o no ,ESO ES TUYO.

Bueno, pues ahora que soy una señora rubia que pasea perros he descubierto que la luna vuelve a a acompañarme en mis paseos, se para cuando tengo que determe para que la Gilda haga pis y pos, y por no perder la costumbre le digo a la Gilda:

_ Mira perrina, la luna camina con nosotras pero por el cielo, ahí está donde el Naranco, mírala al lado del ambulatorio.

La Gildina me observa con sabiduría perruna y debe de pensar:

_ Esto en mi familia canina no pasa, esta mujer está como una cesta de figos, cuándo volverá mi paseador oficial que tiene lo suyo pero por lo menos lo vive en silencio.


Bueno, y como hay gente nueva (perdón por la cuña) “si me queréis seguidme” que tengo múltiples personalidades:

Mi caótica biblioteca

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