Historias de escalera: el moño

Rosa tenía 16 años cuando desmoñó a la vecina del primero que podía ser su madre y muuuuuchos años después ella le dejó en herencia este juego de café antiguo.

¿Crees que se amigaron?

Evidentemente

Y la disputa empezó así:

Elvira llegó a visitar a Berna convaleciente y le pidió a Rosa, su hija menor un trapo y amoniaco.

_Fía, así hago algo mientras estoy con tu madre porque encima de lo que tienes encima no vamos a venir a darte más trabajo, voy a limpiate este juego de café que tienes en mesita.

Rosa se olió algo raro.

_Elvira, lo limpió ayer mi hermana Iso, es de esos juegos plomizos y no tiene brillo…

Elvira desde su altura gigantesca de uno ochenta para la época miró con media sonrisa a Rosa, le tenía un especial cariño porque fue la primera que la tuvo en brazos según la parió su madre y juraba y perjuraba que le había dado sopa de pollo hasta que la parturienta regresó del hospital.

_Mira, Rosina, no me gusta meter mierda pero la del primero estuvo ayer aquí a visitar a tu madre y cuando nos cruzamos por la escalera me dijo.

Cómo se nota que Berna está mala y la fia ye una gocha, tener la mesita del café llena de mugre, qué vergüenza, una moza joven.

No se habló más, Rosa quitó el mandil y se plantó en el primero, muy tranquila picó y cuando salió el marido de la vecina chismosa de espetó.

_Manolo, déjeme pasar que vengo a darle lo suyo a Fermina.

Manolo con un ademan teatral de pretidigitador la dejó entrar , cogió la boina y la gabardina del perchero y salió por patas.

_Hola Ro…

Fue lo único que pudo decir, mi madre le deshizo el moño, le dijo que no volviese por su casa y se cagó en todo lo cagable desfilando por aquella casa familiares, santos y demás.

Cuando yo era pequeña eso ya había pasado y se contaba en la escalera como una historia mítica, en algún momento del devenir de la vida se amaigaron aunque enfrentamientos siguieron teniendo por la largura de las sábanas, porque yo pisaba lo fregao etc… Cuando la vecina falleció dejó en una caja preparado este juego de café para mi madre.

¿Una última disculpa?

¿Un último guiño?

¿Un irse con gracia?

¿No os gustaría recuperar la relación con vuestros vecinos aunque haya que discutir por quién tiende largo o no friega las escaleras?

Yo sí.

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