Colas

No. No voy a hablar de Nacho Vidal y sus problemas con la ley…que también te digo, Mari, si tienes una adicción (drogas, series o a los sándwiches de jamón, cebolla cruda y mayonesa) y vas a que una estrella del porno te cure con veneno de rana pues blanco y en botella: CASCASTE.Voy a tratar el tema de las colas, filas, “quién da la vez”.

Poco se está hablando de que en España ha tenido que caer una “panderemia” mundial para que por fin respetemos el orden a la hora de acceder a un servicio. Pero, claro, como somos así :

“o to pol culo o to po les oreyes” Güelita asturiana dixit

…ahora se nos va la pinza y se monta una fila en un pis pas.

Vas al Carrefor, para agilizar el tema de ponerse los guantes te apartas a un lado y cuando te das cuenta, zasca, 7 personas detrás de ti esperando para entrar a la óptica delante de la que te paraste pa que se te sequen las puñeteras manos antes de introducirlas mojadas en los guantes (qué grima, por Dios, llámame maniática)

Callejeas sintiéndote Gene Kelly por Vetusta tarareando y hasta bailando, ves un escaparate, te aceras y, patapáf, dos pavas detrás de ti como Pocahontas y su prima todas colocaditas que no sabes si quieren entrar, sicquieten mirar o ligar, todo es posible, esto es el siglo XXI y cosa que corre o vuela la cazuela.Echas el ojo a una heladería pensando maldades en relación a tu dieta eterna y un caballero de fina estampa te chilla:

Es usted la última, señora.

Hasta para rezar (esto no me pasó a mí, yo lo sé, tú lo sabes y la Virgen también):

La Balesquida, Oviedo, día del bollo, el tío de alguien decide entrar a echar un rezo, en el cubículo detrás de la reja hay solo una persona, él entra, trata lo que tenga que negociar y al salir una señora indignada.

No se respeta nada, cómo no vamos a ir para atrás, qué vergüenza.

Mi insigne tío (abajo las caretas, era mi tío Santi, yo lo sé, tú lo sabes y la Virgen, evidentemente) no sabía si iba con él o no, pero claro, cómo lo iba a dejar pasar, se le hace bola, regresa y a otra señora le pregunta si para entrar hay que hacer cola. Y la mujer con sonrisilla le dice.

No, home, no, lo que pasa que usted entró sin mascarilla y ya había alguien así qué la mí amiga estaba esperando y le pareció mal, ye la nueva realidad esa. Tamos todos de lo nervios.

Otra cosa te digo, esto va durar un pedo de violinista, algo nos inventaremos para volver a entrar como Atila en cualquierasitio, pero esa es otra historia.Por cierto, Mari, guárdame la vez hasta el próximo domingo, porfa, que me voy a acercar a Correos mientras y no.😉

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