La reina sin espejo, Lorenzo Silva.

Quinta aventura de Vila y Chamorro mecidos por música catalana y una vez más a la caza del asesino.

Bevilacqua alcanza esta edad ingrata que son los 40 (cómo te comprendo Vila) y tiene que celebrarlo yendo a Zaragoza a resolver el asesinato de una estrella de la televisión rosáceoamarillista, Neus Barutell, casada con el erudito Gabriel Altavella con el que Vila mantendrá unas reveladoras conversaciones. Seguir leyendo “La reina sin espejo, Lorenzo Silva.”

Música para feos de Lorenzo Silva

Mónica sale  a lo loco por las calles de Madrid a golpe de gin tonics y músicasilva-musica-para-feos--490x578--490x578 de Tino Casal para olvidarse de sí misma, en ese momento de desenfreno y euforia etílica lo ve acodado en la barra de un bar, es Ramón, es una historia de amor  que comienza en un bar de la Glorieta de Bilbao.

“Era moreno, de cabellos y tez, y conservaba el pelo, que llevaba muy corto. Vestía sin pretensiones de ninguna clase, unos vaqueros gastados y una camisa blanca remangada, desabrochada lo justo para no parecer un rufián. Le eché a bulto unos cuarenta y cinco, lo que me hizo sentir una punzada que en seguida ahogué: ni penurias ni errores pasados tenían ninguna cabida en aquella noche irresponsable.”

Mónica tiene 29 años y no está contenta ni con su trabajo ni con su vida sentimental, inexistente, decide aturdirse un viernes por la noche saliendo de juerga con la idea de olvidarse de todo, pero como suele ocurrir las penas aunque las intentes ahogar en alcohol Seguir leyendo “Música para feos de Lorenzo Silva”

Bevilacqua y compañía

Las cuatro primeras novelas de Lorenzo Silva con el sargento Bevilacqua a la cabeza irrumpen en Mi caótica biblioteca.

Son enrevesadas muchas veces las formas en las que las nuevas lecturas llegan a mí y cómo en ocasiones las abandono momentáneamente, las meto en la nevera, y continúo por otros derroteros con mi afán lector.
En estos días me han hecho una pequeña intervención, nada grave, acababa de empezar La Piel del tambor de Pérez Reverte, en mi condición de enfermita convaleciente no me veía con fuerzas ni ánimos para andar caleyando por Sevilla detrás de un apuesto sacerdote, ni conviviendo con los exponentes más casposos de nuestra España cañí.
Así que cogí con toda delicadeza a don Arturo y lo metí en la nevera, él es muy intenso así que seguro que lo aguanta bien, hasta puede que me funda los plomos que es muy peleón. Seguir leyendo “Bevilacqua y compañía”